Hablando claro: intrusismo y picaresca española

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Debutamos en nuestro blog hablando claro de un tema que a los profesionales de la podología nos revuelve diariamente (revólver en el sentido de enfadarse profundamente): el intrusismo y la picaresca en España.

A menudo escuchamos a nuestros pacientes comentar que han ido a tratar sus pies a sitios sospechosos, pero que “tenían título”. Nosotros siempre nos preguntamos: “¿título de qué?”. Señores pacientes, para ejercer la Podología en España es necesario el título de Diplomado en Podología o Grado en Podología, que se estudia en las Universidades (no en academias) y es una profesión regulada en el Estado Español y sus competencias están plenamente legisladas y definidas. El podólogo es el “profesional que diagnostica y trata las enfermedades de los pies, recibe a los pacientes directamente en sus consultas y aplica tratamientos farmacológicos (tiene capacidad de recetar), ortopodológicos, físicos, quirúrgicos, quiropodógicos…”.
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En el caso,  Sr. paciente, de que su profesional de confianza haya cursado sus estudios en el extranjero, tiene la obligación de homologar su título y, tras ese trámite, y en el caso de que sea aprobado, podrá exhibir la misma placa profesional registrada que luce en las clínicas de los podólogos profesionales que han estudiado en España. Es entonces, y sólo entonces, cuando estará plenamente habilitado para desarrollar la Podología en nuestro país.
En España los podólogos tenemos la obligación de estar colegiados. Esto supone ser miembro de una asociación que vela por la ética profesional y por el respeto a los derechos de los ciudadanos y pacientes (Colegios Profesionales de Podólogos como el nuestro).  Sr. Paciente, tiene derecho a conocer cuál es el número de colegiado del podólogo que le atiende y en qué colegio profesional está colegiado.

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Podríamos hacer una analogía entre las clínicas de gente sin título ni escrúpulos que dicen ser podólogos y la venta ambulante de falsificaciones en la calle, ¿no os parece?

Aconsejamos huir de sitios donde estos dos requisitos básicos no se muestren abiertamente: una placa con el nombre del profesional que le atiende donde se acredite que es podólogo, y además, conste el número de colegiado y a que colegio pertenece.
Podemos seguir hablando de otros muchos requisitos que a los podólogos se nos exigen pero esto acaba de empezar y seguiremos “hablando claro” en próximas entradas, mientras tanto, huya del pícaro que dice ser quien no es, y vaya a un PODÓLOGO COLEGIADO. La salud de sus pies no es una broma.

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